Archivos para septiembre, 2011

A lo mejor ya no recuerdan esta frase, pero todo cubano que  haya sido educado a través del sistema nacional de educación durante los años
60 y primera mitad de los 70, de alguna manera debe haber escuchado esta frase.  Atribuida no sé a ciencia cierta si al Che o a José Martí, que era de quien intentaban hacernos aprender, se utilizaba como lema ya fuera formando fila en la brigada antes de salir a trabajar al campo o al lado de nuestra litera en las inspecciones que se realizaban a diario.

Con el paso de los años y el hecho de que hayamos logrado aprender a pensar, hemos descubierto el mensaje subliminal que no querían meter
en la cabeza con la repetición de esta frase. Y ahora lo veo muy claro, dónde soy más útil no era exactamente la pregunta, sino ¿quién define mi utilidad?

Eran los primeros 70 y mientras decíamos el lema, niños pre adolescentes, algunos pensaban que su deber era ser guerrillero en un país lejano
y morir como el Che. Otros, o eran más cobardes, o eran más pragmáticos, pero pensaba que ojalá su deber estuviera como diplomático, también en un país lejano, como Japón, y vivir como indican los patrones que debe ser la buena vida, pero estoy seguro que esos eran los menos. Nos habían educado con el desprecio a la buena vida y a la opulencia, y la conciencia del sacrificio y el amor al trabajo.

Parece que no nos educaron tan bien como pensaban. O lo que es posible incluso probable, que es que nos hayamos cansado de sacrificio y
amor a un trabajo que no satisface las más imperiosas necesidades del ser humano. A lo mejor abrimos los ojos y nos dimos cuenta que los que nos señalaban cuál era nuestro deber, venían en un transporte propio que no teníamos nosotros, con mejor ropa que nosotros, y hasta perfumados, ayudándonos a pensar que no era posible tanta casualidad como para qué su deber y mi deber estuvieron enfocados a situaciones tan diferentes en las cuales siempre seguía perdiendo yo.

La última exigencia de este tipo la escuché en los 90, cuando muchos turistas que iban a Cuba ante la caída del campo socialista nos pedían
que resistiéramos. No resistíamos por complacerlos si no porque no quedaba más remedio. Además, tampoco los hubiéramos complacido, porque todos los cubanos sabemos que es muy fácil ser progresista con derecho a viajar a todo el mundo mientras los cubanos seguimos prisioneros en nuestra propia isla. Y este es sólo un ejemplo de cuán fácil puede ser declararse progresista con euros, progresistas con comida, progresistas con cuello y corbata.